Panorama bibliográfico sobre la emigración balear a ultramar
Panorama bibliográfico sobre la emigración balear a ultramar

Fotografías de Josep Pons Frau (1883-1952) realizadas en el interior de Mallorca, en los alrededores de Sineu.
Texto: Joan Buades Crespí

Al principio de la década de los sesenta del siglo pasado, el "boom turístico" convirtió a las islas Baleares en un espacio geográfico receptor de inmigrantes que acudieron atraídos por las perspectivas económicas que ofrecían la hostelería y la construcción. Lejos de interrumpirse el flujo migratorio, éste se aceleró aún más en el último quinquenio del dos mil, cuando las islas del archipiélago balear, a causa de su climatología y ubicación geográfica, fueron escogidas por decenas de millares de alemanes e ingleses como destino para el establecimiento de su segunda residencia. La llegada de este colectivo, y el desorbitado crecimiento de la oferta turística y del sector servicios a fin de satisfacer a los diez millones de turistas que anualmente escogen las islas para gozar de su período vacacional, impulsaron frenéticamente la industria de la construcción, originando de este modo una nueva corriente inmigratoria procedente de otras comunidades autónomas del Estado español, Europa oriental, Iberoamérica, el Magreb y de los países subsaharianos.

La expansión económica por la que atraviesan las Baleares y el enorme movimiento inmigratorio acaecido en apenas medio siglo conllevan el peligro de borrar de la memoria colectiva de los isleños el que puede considerarse como uno de los fenómenos sociales más importantes de la historia contemporánea de las islas Baleares: la emigración a Ultramar de numerosos habitantes del archipiélago. Entre el último tercio del siglo XVIII y los años cincuenta del XX, la falta de expectativas económicas y las persecuciones políticas provocaron, a lo largo de diferentes etapas cronológicas, la partida de su tierra de un significativo contingente de isleños que emigraron con el objetivo de encontrar en América Latina, Francia y Argelia las oportunidades laborales o las libertades políticas que no hallaban en su tierra de origen.

Este tema tan importante de nuestra historia reciente pasó casi inadvertido a los investigadores locales hasta la última década del siglo XX. En los noventa, gracias a la voluntad entusiasta de un colectivo de historiadores y al patrocinio de las instituciones autonómicas, se impulsaron numerosas investigaciones que han permitido recuperar para el público actual y para las generaciones venideras esta página tan interesante de la historia de las Baleares que escrita en Ultramar por muchos de sus habitantes.

Para realizar la presente reseña hemos escogido nueve títulos en los que se estudia el movimiento emigratorio balear desde diferentes perspectivas. Incluye biografías, testimonios personales, estudios sobre el movimiento asociativo e investigaciones sobre flujos migratorios analizados desde el ámbito emisor y receptor:

AA. VV: Congrés Internacional d’Estudis Històrics Les Illes Balears i América, Volum III. Palma: Institut d’Estudis Baleàrics 1992. 438 páginas.

Antoni Vicens Castanyer: Sollerics a França. Passions i quimeres, 1870-1940. Palma: El Tall 1993. 197 páginas.

Astrid Cubano Iguina: Un puente entre Mallorca y Puerto Rico: la emigración de Sóller (1830-1930). Colombres (Asturias): Fundación Archivo de Indianos 1993. 184 páginas.

Jaume Verdera i Verdera: Formenterers a Montevideu. Palma: Institut d’Estudis Baleárics 1993. 83 páginas.

Gabriel Julià Seguí: Un menorquín para Uruguay: Orestes Araujo. Maó (Menorca). Ediciones Nura 1993. 119 páginas.

Miquel Antoni Bordoy Matheu: Encara hi tornarem. Palma: Edicions Cort 1994. 197 páginas.

J. Buades / M. Manresa / M. A. Mas: Emigrants illencs al Río de la Plata (La vida associativa a Buenos Aires i Montevideo). Palma: Vice-Presidència del Govern Balear 1995. 247 páginas.

Ana Jofre Cabello: Así emigraron los baleares a la Argentina. Palma: Conselleria de Presidència del Govern Balear 1997. 246 páginas.

Aurelio Francos Lauredo: Baleares en Cuba. Maó: Consell Insular de Menorca 1999. 198 páginas.

En la investigación del fenómeno de la emigración balear en Ultramar se puede afirmar que hubo un antes y un después del Congreso "Les Illes Balears i América", que se celebró en Palma en el mes de enero de 1992. Las pocas aportaciones bibliográficas al estudio del movimiento emigratorio balear publicadas con anterioridad al citado evento patrocinado por la "Comissió de les Illes Balears per a la commemoració del V centenari del descobriment d’Amèrica" procedían de geógrafos y filólogos. A finales de la década de los ochenta, el profesor de Historia Contemporánea de la Universitat de les Illes Balears, Sebastià Serra Busquets empezó a interesarse por el tema publicando sus primeros trabajos, aunque su mejor logro consistió en la creación de un equipo de trabajo integrado por jóvenes licenciados en Historia y docentes, quienes gracias a una beca concedida por el "Institut d’Estudis Baleàrics" pudieron desarrollar una amplia labor investigadora en el archipiélago y en algunos de los países de Latinoamérica receptores de emigrantes baleares. La contribución del grupo al Congreso se concretó en una ponencia y nueve comunicaciones, y para algunos de sus miembros supuso el punto de partida de tesis doctorales y de posteriores publicaciones.

En el III Volumen del Congrés Internacional d’Estudis Històrics Les Illes Balears i América quedó recogido un amplio abanico de temas presentados en la sesión dedicada a la emigración balear con destino a América en los siglos XIX y XX. Las dos ponencias y las veintiuna comunicaciones publicadas enriquecieron considerablemente la escasa bibliografía existente sobre el proceso emigratorio, y en determinadas cuestiones constituyen una referencia obligada a la hora de realizar cualquier investigación sobre nuestros emigrantes. Sebastià Serra, en su ponencia "L’emigració de les Illes Balears a Amèrica", sintetizó los aspectos más interesantes del flujo emigratorio balear estableciendo, en líneas maestras, sus causas, etapas, asentamientos más importantes y las características más significativas en el plano económico, asociativo e ideológico de las colectividades isleñas ubicadas en Latinoamérica. El trabajo de Serra incorpora una detallada relación de fuentes impresas, no impresas y orales junto con un interesante catálogo de las publicaciones periódicas impulsadas por emigrantes baleares establecidos en Iberoamérica.

Ana Jofre Cabello, dedicó su ponencia al estudio de "La inmigración balear en La Plata". Tras una introducción sobre la emigración transoceánica a la República Argentina con datos procedentes de distintos censos elaborados a partir de 1885, centra su investigación en los españoles y en los inmigrantes de origen balear que se ubicaron en La Plata. Su trabajo aportó una información novedosa e inédita que permitió conocer el perfil socio-económico y la vocación asociativa de la comunidad balear asentada en la mencionada ciudad argentina.

La variedad temática que ofrecen las comunicaciones permite conocer aspectos muy diferentes del mundo de la emigración balear. Se escapa de los límites de esta reseña la descripción y el análisis de sus contenidos, aunque, por lo eficaz y valioso de su información, citaremos la presentada por el geógrafo de la "Universitat de les Illes Balears" Pere Salvà, titulada "Els efectes de la transició demográfica illenca sobre el territori: el marc de l’emigració a les Illes Balears entre 1878 i 1955"; en ella se establece el marco demográfico en el que se desarrolló la etapa emigratoria en las Islas Baleares. Los datos estadísticos sobre la dinámica de la población insular aportados por Pere Salvà constituyen un instrumento indispensable para contextualizar las investigaciones en torno a la emigración balear.

En "Sollerics a França. Passions i quimeres 1870-1940" Antoni Vicens Castanyer se propone investigar las consecuencias que tuvo un movimiento emigratorio masivo en una pequeña colectividad mallorquina aislada del resto de la isla por la orografía, -Sóller-, en una época situada a grandes rasgos dentro de los límites temporales de la Tercera República francesa.

En el primer capítulo Vicens explica las claves que originaron esta paradigmática emigración: la ubicación geográfica del municipio y el cultivo de cítricos. El pueblo de Sóller se extiende a lo largo de un profundo valle de difícil acceso, encerrado entre el mar y algunas de las cimas más elevadas de la Serra de Tramuntana. En las primeras décadas del XVIII empezaron a difundirse en las tierras más fértiles del valle las plantaciones de naranjos. Su comercialización exterior, sin embargo, no resultaba rentable para los productores, porque su distribución era monopolizada por el puerto de Palma; a causa de las deficientes comunicaciones existentes entre el valle y la capital de la isla, los frutos, además, solían llegar en malas condiciones a las instalaciones portuarias. La habilitación en el año 1774 del puerto de Sóller como centro exportador permitió el acceso del cítrico al mercado francés a través de los puertos mediterráneos de Cette y Marsella. En la primera mitad del XIX, el constante incremento de la demanda del mercado francés estimuló nuevas plantaciones y la creación de una red de puntos de distribución de la naranja para los consumidores de la Provença francesa. A partir de 1865 una misteriosa plaga empezó a destruir los naranjales originando la ruina económica de un buen número de los habitantes de la localidad. La crisis agrícola abrió el camino a una emigración masiva de pequeños propietarios que se dirigieron hacia el mismo destino que las naranjas que antaño cultivaban: el sur de Francia.

Los semanarios "Sóller" (fundado en 1885) y la "Voz de Sóller" (1924-1937) constituyen las fuentes documentales básicas para el análisis que hace el autor, en el segundo capítulo, de los efectos que tuvieron dos de los acontecimientos que marcaron la historia política y económica de Francia durante el desarrollo de la Tercera República: la primera guerra mundial y los vaivenes económicos del franco durante los años veinte y treinta en la comunidad de emigrantes de Sóller establecidos en Francia y entre sus familiares residentes en el municipio mallorquín quienes recibían puntualmente las remesas económicas enviadas por los anteriores.

El último capítulo es, sin duda alguna, el más interesante del libro. Vicens nos introduce en un aspecto de los movimientos migratorios poco estudiado: la transformación de las mentalidades producida por la inserción de los emigrantes en una sociedad receptora con un modelo socio-cultural, económico y político muy diferente al de su lugar de origen. La descripción de la incidencia que un movimiento emigratorio puede tener en la idiosincrasia de un pueblo constituye una empresa difícil y olvidada por la mayoría de las investigaciones sobre el tema emigratorio, centradas sobre todo en el análisis de sus aspectos cuantitativos y en planteamientos socio-económicos; de ahí el valor de la obra de Vicens.

Para explicar la profunda renovación que se produjo en el colectivo de emigrantes, ya sea de los que un día regresaron a la isla, ya sea de los que permanecieron para siempre en Francia, el autor examinó más de dos mil tarjetas postales, exploró en modestas bibliotecas particulares que los emigrantes trajeron al pueblo en el momento de la repatriación y recogió los testimonios orales de muchas personas que protagonizaron el éxodo. Mediante la acertada combinación de estas fuentes documentales Vicens nos acerca a los distintos avatares que configuraron el mundo del emigrante en el país de acogida: el aprendizaje de una nueva lengua, que posibilitó el acceso a nuevas fuentes de conocimiento, el modelo educativo, las ideas científicas, las inquietudes políticas, los géneros de vida que determinan el éxito o el fracaso económico, la religiosidad, la defensa del patrimonio, la solidaridad familiar, los sentimientos de nostalgia,...

La evaluación del libro nos lleva a otorgarle un doble mérito. Para empezar constituye el primer estudio exhaustivo realizado con un amplio e interesantísimo catálogo de fuentes documentales sobre una emigración tan peculiar como fue la de Sóller a Francia, pero también es importante destacar su carácter insólito dentro del panorama bibliográfico de la emigración balear a Ultramar al ofrecer el estudio un enfoque cultural encaminado a demostrar el cambio de mentalidad experimentado por la comunidad emigrante.

La emigración de los habitantes de Sóller a Ultramar no se identifica exclusivamente con Francia, aunque sin duda fue la que movilizó a un mayor contingente y la que distribuyó más riqueza entre un elevado número de familias. Antes de esta emigración masiva iniciada en la década de los sesenta del XIX, otros vecinos de la localidad se habían dirigido hacia el segundo país que configura la emigración del municipio: Puerto Rico. La partida hacia la isla caribeña se desencadena a partir de la aventura migratoria de Juan Marqués i Marqués, el primer sollerense emigrado al país en 1837. Esta emigración americana es cuantitativamente inferior a la francesa pero cualitativamente más importante por la gran aportación de capitales y por la formación de personalidades que impulsaron algunas de las empresas más emblemáticas del pueblo, como son el Banco de Sóller y la línea ferroviaria que une Palma con la localidad. Este movimiento emigratorio hacia el Caribe constituye el tema de estudio de la obra de Astrid Cubano Iguina "Un puente entre Mallorca y Puerto Rico: la emigración de Sóller (1830-1930)".

De los cinco capítulos de que consta el libro la autora dedica los dos primeros a establecer el marco demográfico y económico de la localidad mallorquina a fin de explicar las causas que provocaron el movimiento emigratorio, cuantificarlo mediante la información procedente de los censos de población y a señalar sus fases. Asimismo, a partir de los datos obtenidos de los padrones municipales, compara el volumen de los flujos migratorios que se dirigieron a Puerto Rico y Francia e indica además el sexo, edad y estado civil.

En los capítulos tres y cuatro, Astrid Cubano estudia el rasgo más característico de esta emigración: la participación de inmigrantes de Sóller en el negocio del café. A partir del último cuarto del siglo XIX, la economía cafetera superó en volumen de exportaciones a la tradicional economía azucarera de Puerto Rico. Ello benefició a las redes de inmigración corsa i sollerense ubicadas desde la primera mitad del siglo en puntos estratégicos de las redes cafeteras en el interior-oeste y en los puertos de la isla. La expansión y consolidación de la economía del café fue posible gracias a la acción de las cadenas migratorias selladas por la solidaridad étnica y los vínculos de parentesco que atrajeron a la isla caribeña a un notable contingente de habitantes del valle de Sóller con el fin de participar de la prosperidad económica generada por la actividad agroexportadora.

La autora reconstruye en el tercer capítulo del libro el nacimiento de las primeras redes migratorias sollerenses y el posterior reclutamiento de familiares y conocidos de su localidad de origen para cubrir la demanda de mano de obra cualificada que requería la economía del café. Los núcleos receptores fundacionales se configuraron alrededor de unas pocas familias propietarias de importantes casas comerciales que actuaron como catalizadoras del éxodo. La integración de los emigrantes en la economía del café se lograba casi exclusivamente mediante la incorporación a una gran firma o mediante la sustitución de los empresarios más antiguos que optaban por el retorno. Casi todos los emigrantes llegaban a la colonia española bajo la protección de un comerciante al que debían obediencia. Entraban como dependientes de comercio o empleados de haciendas y después de unos años de servicio convertían sus ahorros en capital comercial estableciéndose como empresarios independientes sometidos a las directrices de la casa matriz. La creación de este tejido empresarial con un funcionamiento interno de carácter patriarcal dedicado al cultivo, comercialización y distribución de uno de los productos coloniales más rentables de finales del XIX constituye uno de los rasgos más característicos de la emigración sollerense a Puerto Rico y la clave para interpretar su rápido enriquecimiento económico.

En los dos últimos capítulos del libro la autora analiza los ciclos de consolidación y crisis de la economía del café (1886-193) y sus repercusiones sobre los negocios de los inmigrantes originarios de Sóller, la diversificación de sus actividades agroexportadoras para adaptarse a las nuevas condiciones económicas surgidas a raíz de la ocupación norteamericana de la isla, la repatriación de capitales a Mallorca y el cese del flujo emigratorio de Sóller a la isla caribeña a causa de la interrupción de las cadenas migratorias por circunstancias ajenas a las condiciones locales, como el establecimiento de cuotas de entrada promulgado en 1921 por el Congreso de los Estados Unidos.

El libro nos merece una valoración positiva por la valiosa información que ofrece a la hora de percibir los rasgos más significativos de esta peculiar emigración. No obstante queremos hacer hincapié en uno los aspectos descritos en la obra de Cubano que hace referencia a la transferencia de los capitales generados por la actividad cafetera a Mallorca y a Sóller, en particular. En los albores del siglo XXI los miles de turistas que utilizan el tren que une Palma con la localidad del valle viajan en un medio de locomoción financiado por el capital obtenido en el siglo XIX en las empresas agroexportadoras de Puerto Rico, y al pasear por sus estrechas calles pueden admirar hermosísimos edificios de estilo modernista, símbolo de la opulencia de un colectivo de indianos que consiguió "hacer las Américas".

La isla de Formentera es la más meridional del archipiélago balear y la menos poblada de entre las habitadas. Con tan solo una superficie de 83’77 kilómetros cuadrados permaneció deshabitada durante largas épocas. Antes del desarrollo turístico iniciado en los años sesenta del siglo XX, las únicas actividades productivas eran una precaria agricultura cerealística, la ganadería extensiva y sobre todo la explotación de las salinas. A pesar de ser una isla, la pesca nunca tuvo un peso específico dentro de la economía local; se practicaba tan solo como una actividad de subsistencia, complementaria de la actividad agrícola-ganadera. El deseo de encontrar unas expectativas económicas que su tierra de origen no les podía ofrecer fue lo que impulsó, a partir de las dos últimas décadas del XIX, a centenares de formenterenses a emigrar. A pesar de su proximidad con Argel, que en aquellos momentos atravesaba por una fiebre colonizadora que atrajo a numerosos ibicencos y menorquines, el destino escogido por los habitantes de la pitiusa menor fue Sudamérica y Cuba. La generalización de la emigración entre la juventud de la isla alcanzó unas cifras relevantes en las tres primeras décadas del XX, lo que hizo que sus vecinos ibicencos calificaran a Formentera con el sobrenombre de "s’illa de ses dones" (la isla de las mujeres).

En "Formenterers a Montevideu", Jaume Verdera i Verdera investiga la emigración de un contingente de habitantes de Formentera que tuvo como destino la República Oriental del Uruguay. El libro constituye un trabajo de investigación realizado en el espacio geográfico -emisor y receptor- mediante los testimonios orales de los emigrantes retornados y de los que aún residen en Montevideo.

Tras una aproximación histórica a la realidad de la isla mediante la cual establece las causas que originaron el movimiento emigratorio a América, el autor nos introduce en el conocimiento de las actividades profesionales en que se ocuparon los emigrantes en el país receptor. La mayoría del colectivo se dedicó a la navegación marítima continuando con la vocación marinera propia de su condición de insulares. Este hecho se explica por la práctica inexistencia en aquella época de una red viaria en el estado Oriental, por lo cual la mayor parte del transporte se realizaba por vía marítima y enlazaba Montevideo con el resto de ciudades portuarias de Uruguay. La abundancia de cargueros que precisaban personal cualificado fue la razón que atrajo hacia estas latitudes a un notable número de formenterenses. Aunque la práctica de la navegación en el país de acogida constituye el rasgo más característico de este movimiento emigratorio, Verdera localiza a otros integrantes del éxodo que se dedicaron a diversas profesiones y oficios, como carpinteros, chóferes, camareros, cocineros,...

A continuación el autor aporta una interesante serie estadística que abarca un período que se extiende desde los años ochenta del XIX hasta 1960, fechas entre las que figuran todos los emigrantes de Formentera a Uruguay que Verdera pudo documentar mediante la utilización de diversas fuentes documentales y los testimonios orales. Contabiliza un total de 195 personas distribuidas a lo largo de ocho etapas. En el listado aparecen sus nombres, su lugar de residencia en la isla, el apodo con que se les conocía entre la vecindad, su estado civil en el momento de efectuar el viaje,-en el caso de los casados facilita el número de descendientes-, y si la emigración tuvo un carácter temporal o definitivo.

La obra se cierra con la galería de emigrantes formenterenses más relevantes, la mayoría de ellos vinculados a las actividades náuticas y como colofón, se ofrece la biografía de seis de los nueve naturales de Formentera que residían en la capital uruguaya cuando Verdera realizó la investigación.

Consideramos interesante el carácter divulgativo de este libro que da a conocer el flujo emigratorio que involucró a los habitantes de la isla más desconocida del archipiélago balear, aunque a nuestro juicio peca de una cierta superficialidad al soslayar algunos de los aspectos más importantes que conlleva toda emigración, tales como las consecuencias materiales y de otra índole que aportan a la comunidad de origen de los emigrantes.

Nuestra siguiente reseña nos conduce a la más septentrional de las islas del archipiélago balear, Menorca. Los habitantes de esta isla fueron los protagonistas de los flujos migratorios anteriores al gran éxodo masivo balear registrado entre 1880 y 1930. La carestía que padecía la isla en 1768 facilitó al médico escocés Andrew Turnbull el reclutamiento de unas 110 familias menorquinas para colonizar las tierras que había adquirido en la Florida oriental. En 1830, la conquista francesa de Argelia y las medidas decretadas por el gobierno francés encaminadas a la colonización del territorio por colonos europeos, originaron la emigración hacia la colonia norteafricana de un buen número de jornaleros menorquines. En 1888 el archiduque Luis Salvador se hacia eco en las páginas del Die Balearen de la presencia de unos 20.000 menorquines en Argelia.

En el período de la emigración masiva los menorquines continuaron estableciéndose en Argelia, pero incorporaron a su hégira nuevos países de destino ubicados en Latinoamérica. En los años 1993 y 1994, el Consell Insular de Menorca patrocinó la edición de tres biografías de otros tantos emigrantes que se habían instalado en Argentina y Uruguay. Hemos escogido para reseñar la que tiene como protagonista al emigrante menorquín que más impronta dejo en Iberoamérica; su título, "Un menorquín para Uruguay: Orestes Araujo", de Gabriel Julià Seguí.

El biografiado nació en Mahon en 1850. Hijo de un militar sevillano destinado en una de las guarniciones de la isla y de una menorquina, estudió en el instituto de segunda enseñanza de su ciudad natal. En éstos años fundó junto a otros jóvenes isleños que participaban de sus mismas inquietudes culturales y políticas el periódico "El Eco de la Juventud" de ideología republicana. Esta primera aventura periodística de Araujo duró apenas unos meses, pues en 1871 se embarcó hacia uno de los países que mejor se ajustaban a sus ideales de modernidad y progreso, la República Oriental del Uruguay.

Sus primeros años en Uruguay fueron difíciles, y en ellos desempeñó distintas ocupaciones relacionadas con el periodismo. Siendo corrector en la redacción del diario "La Paz" conoció a una de las personalidades uruguayas que más influencia tuvo en el desarrollo educativo del país, el pedagogo y periodista José Pedro Varela, de quien se convertiría en uno de sus más destacados colaboradores. Varela fue nombrado en 1876 Director de Instrucción Pública y su cometido fue llevar a término la reforma de la enseñanza en Uruguay. Araujo, ferviente defensor de los modernos planteamientos educativos propuestos por Varela, fue requerido para participar en el ambiciosos proyecto. En 1880 el gobierno de la República nombró a Araujo Inspector de Instrucción Primaria adscrito al Departamento de San José. En los 11 años que permaneció en el cargo realizó una importante labor de reformas y mejoras en la enseñanza pública.

En el año 1891 fue nombrado catedrático de Historia, Geografía y Cosmografía de la recién creada Escuela Normal de Maestros de Montevideo. A partir de este año y hasta su defunción acaecida en 1915, se abre la etapa más creativa de Araujo como investigador y escritor; en esta época dio a la imprenta alrededor de unos 70 títulos. Sus mejores aportaciones las encontramos en las publicaciones sobre la geografía y la historia del Uruguay y en las de carácter pedagógico, sin olvidar las obras de divulgación de la cultura del país que lo había acogido.

En el libro de Seguí el lector no encontrará la historia novelada de la vida de un emigrante menorquín de la segunda mitad del XIX con sus vivencias y anécdotas, sino que hallará un reconocimiento a su vocación docente y a su ingente obra científica sobre la historia y la geografía de Uruguay.

Argentina, Francia y Argelia fueron los países que acogieron mayor número de emigrantes de ascendencia balear, y sobre el flujo que se dirigió al primero de ellos trata la obra "Encara hi tornarem", de Miquel Antoni Bordoy Matheu. Supone el primer libro editado en el archipiélago que aborda de manera exclusiva el tema de la emigración balear a Argentina, aunque no es en rigor un trabajo de investigación sino, más bien, la memoria personal de un emigrante mallorquín narrada por su hijo nacido en el país del Río de la Plata.

Como bien apunta el autor en el prefacio, esta publicación constituye un homenaje a sus padres, quienes le relataron su experiencia personal como emigrantes para que su memoria se guardase entre las futuras generaciones familiares. En el libro, el lector encontrará las vivencias de un matrimonio de emigrantes mallorquines escritas en el catalán dialectal que usaban entre ellos.

Antes de iniciar la reseña de esta obra, que juzgamos de gran interés por la información de primera mano que nos ofrece sobre el mundo de la emigración, nos gustaría destacar la importancia que para los investigadores del fenómeno migratorio representan las fuentes orales. El testimonio personal del emigrante permite al investigador recuperar la experiencia vital que implica el desplazamiento hacia unos países lejanos; los recuerdos transmitidos le permiten conocer en vivo las penurias y quimeras que inspiraron su viaje, el éxito personal o el desengaño, sus relaciones con otros colectivos,... Cada una de estas memorias personales recogidas supone mantener viva una página del gran volumen de experiencias y recuerdos que integra la memoria de una colectividad, y ayuda a conocer, conservar y difundir nuestro patrimonio espiritual.

Bajo esta perspectiva debe entenderse el significado del libro de Bordoy, que reconstruye, mediante las vivencias de su padre, todo el contexto en que se enmarca su aventura migratoria, desde las causas que le impulsan a abandonar su tierra de origen a las expectativas profesionales que le ofrece el espacio receptor.

La obra recupera unas imágenes situadas en los primeros años del XX, en las que puede contemplarse una Mallorca rural superpoblada y empobrecida de la que huyen jornaleros y pequeños propietarios agrícolas con el unánime deseo de hacer las Américas, entre los cuales hallamos al protagonista, un joven de dieciocho años, natural de Felanitx, quien en 1905 decide abandonar una localidad antaño rica pero en aquella época seriamente castigada por la plaga de las vides: la filoxera.

Desde las vicisitudes del éxodo, la narración nos conduce a la descripción de uno de los capítulos más penosos y en algunos casos más denigrantes de la emigración: el viaje y la llegada. Embarcado en uno de los numerosos vapores italianos que hacían escala en Barcelona y en otros puertos del Mediterráneo español para terminar de hacinar en sus bodegas a una multitud de emigrantes, relata las condiciones de una travesía que duraba unas tres semanas, permitiéndonos conocer la insalubridad del ambiente que respiraban al recogerse en sus camastros, la pésima comida que se servía a bordo,...y la "barra", un hierro largo y grueso en el que se encadenaban por los tobillos a aquellos que habían cometido algún hurto u otra falta a juicio del capitán del buque. La llegada no era menos traumática para aquellos que no formaban parte de una cadena migratoria que les ofreciera su amparo. El Hotel de Inmigrantes de Buenos Aires constituía su primer y descorazonador hogar. Por sus enormes dependencias circulaban gentes procedentes de los más remotos confines; allí podían permanecer tres escasos días antes de aventurarse en la vorágine de la cosmopolita capital argentina.

La búsqueda de un trabajo, casi siempre precario, la diversidad de ocupaciones en diversas localidades del país, los primeros ahorros y el regreso a Mallorca para cumplir con sus obligaciones militares configuran el primer viaje a Argentina. La boda con una joven de su mismo pueblo, la partida en pos de una nueva oportunidad económica y el asentamiento definitivo como transportista en San Pedro , el "Felanitx de Argentina", por lo numeroso del colectivo de felanigenses que se ubicó en esta ciudad, constituyen los últimos capítulos de un libro que conlleva en el título el deseo de regresar definitivamente a Mallorca, deseo que estuvo siempre presente en la madre del autor; a su añoranza su padre le respondía siempre con un "encara hi tornarem" (aún volveremos) que nunca pudo cumplirse.

Recomendamos la lectura de esta obra, no tan solo a los estudiosos de la emigración, sino también por su valor humano al lector común; en sus páginas se halla reconstruida mediante un relato de vida, toda una época, para muchos desconocida, de nuestra historia.

La actividad asociativa de los emigrantes originarios del estado español en los países receptores constituye uno de los aspectos más interesantes de la emigración española a Ultramar. Las primeras entidades fundadas a mediados del XIX en Argentina, Uruguay o Cuba surgieron como sociedades de socorros mutuos en una época que el estado no ofrecía prestaciones asistenciales. Una vez conseguidas estas aspiraciones laborales y en plena etapa de la emigración en masa (1880-1930), se advierte una nueva orientación en los objetivos de las entidades asociativas inspiradas por los emigrantes conforme a la creación de las instituciones de base regional que aglutinaban a los inmigrantes de una misma comunidad. Las sociedades mutuales y las entidades de base étnica ejercieron un papel muy destacado dentro del contexto de la emigración al favorecer la integración del inmigrante en el país de acogida y amortiguar los efectos causados por el asentamiento en un medio desconocido con unos comportamientos sociales y culturales muy diferentes al de su tierra de origen. Las primeras ofrecían a sus afiliados, a cambio de una cuota mínima, prestaciones sociales y sanitarias, en tanto que los centros regionales brindaban a sus socios, además de algunos servicios asistenciales y laborales, una amplia gama de actividades recreativas, sociales y culturales con el fin de fomentar las relaciones entre ellos y mantener vivo el recuerdo de su tierra de origen.

Sobre las distintas manifestaciones del movimiento asociativo impulsado por los inmigrantes baleares en dos de los focos de atracción más carismáticos para la población del archipiélago, Buenos Aires y Montevideo, trata el libro "Emigrants illencs al Río de la Plata" (la vida associativa a Buenos Aires i Montevideo). Se trata de un trabajo de investigación realizado gracias al viaje que los autores realizaron a las citadas ciudades a la búsqueda de fuentes documentales que hicieran posible la realización del estudio. Éste pudo llevarse a cabo por el hallazgo de un elevado número de publicaciones periódicas que constituían el órgano de expresión de algunas de las entidades baleares, de programas mensuales en donde se especificaban las actividades organizadas por las instituciones, listas de socios, estatutos, actas de las reuniones de las directivas y, en última instancia, gracias al testimonio oral de muchos de los protagonistas del asociacionismo balear.

El libro se estructura en dos capítulos generales. En el primero se estudia una única institución: el Centro Balear de Buenos Aires, que desde su fundación en 1905 ha monopolizado la vocación asociativa de la colonia balear ubicada en la capital argentina. El segundo capítulo se ciñe a las siete entidades creadas por los isleños en Montevideo a partir de la fundación en 1875 de la primera de las documentadas: la Sociedad Balear de Socorros Mutuos. En cada uno de los capítulos, los autores realizan una introducción relativa al movimiento emigratorio balear, y mediante ellas sitúan al lector en el contexto en que se desarrolló la actividad asociativa de la colectividad isleña. A continuación se reconstruye la historia de las distintas asociaciones baleares, sobre todo de las que tuvieron una larga trayectoria y una mayor proyección social. En la publicación aparecen detallados todos los aspectos inherentes a la génesis, perfil, funcionamiento y disolución de las instituciones: aspiraciones que impulsaron su creación, objetivos perseguidos, prestaciones asistenciales, actitudes ideológicas, publicaciones periódicas, comisiones directivas, actividades recreativas y culturales, asociados, fuentes de financiación, locales sociales, relaciones con otras entidades regionales y razones que motivaron su desaparición. Dichos aspectos, que configuran el mundo asociativo, nos permiten entender una página de la historia de la emigración basada en una necesidad y en unas ilusiones: la necesidad, causada por la ausencia de servicios estatales de salud originaron la aparición de las sociedades mutuales que ofrecían prestaciones sanitarias y de beneficencia a sus afiliados, mientras que la ilusión nacía del deseo de proyectar y mantener vivo el recuerdo de su lugar de origen. Este ideal encontró su cauce en la creación de los distintos centros regionales.

El libro, basado en el minucioso análisis de un amplio abanico de fuentes documentales y en testimonios orales, representa un inexcusable punto de referencia para conocer las inquietudes asociativas de las comunidades baleares establecidas en las dos ciudades porteñas.

En la publicación "Así emigraron los baleares a la Argentina" se presentan una parte de los contenidos de la tesis doctoral de la profesora de la Universidad de La Plata Ana Jofre Cabello titulada, "Una aproximación al estudio de la inmigración balear en la Argentina (1860-1960). La obra estudia los flujos migratorios entre el archipiélago balear y Argentina en el período transcurrido entre 1860 y 1960. Plantea la problemática migratoria desde un marco teórico-conceptual microanalítico, y tiene en cuenta las redes de relaciones sociales pre y postmigratorias. Bajo este enfoque teórico estudia los asentamientos baleares en Argentina relacionándolos, según la actuación de las cadenas migratorias, con los espacios sociales de las Islas Baleares. Para la elaboración de su trabajo Jofre utilizó un variado repertorio de fuentes documentales, aunque, para la determinación de los espacios sociales emisores y receptores fueron fundamentales las que contenían datos geográficos y nominales tales como las "Guías de Baleáricos residentes en la República Argentina" (editadas en Buenos Aires por el emigrante mallorquín José Garcías Moll en los años 1918 y 1929) y las "Actas de los libros de Matrimonios y Bautismos". Estos repertorios facilitan información sobre el número de residentes baleares en Argentina, su lugar de origen y su ubicación en el país receptor. El trabajo de investigación realizado en archivos, bibliotecas y hemerotecas queda coronado con un laborioso trabajo de campo basado en numerosas entrevistas a personas de edad avanzada.

A través del análisis de las fuentes documentales escritas y orales, la autora determina los espacios sociales del archipiélago de donde partieron los emigrantes, los cuales aparecen definidos por unas redes de relaciones sociales primarias, de parentesco, amistad y paisanaje. Estas cadenas migratorias estructuraron oportunidades de trabajo que condujeron a los emigrantes a los espacios receptores que la autora define como ámbitos sociales complejos a causa de la presencia en el área de llegada de múltiples relaciones generadas por la convivencia del inmigrante balear con la población nativa y con inmigrantes de otras regiones españolas y de otras naciones. La hipótesis que intenta interrelacionar espacios y ámbitos como consecuencia del funcionamiento de las cadenas migratorias se revela eficaz a la hora de explicar el asentamiento de comunidades concretas de habitantes de las Baleares en unas determinadas localidades de la geografía argentina. Así, se explica la abundancia de ibicencos en Santa Fe y Tucumán, de felanigenses en San Pedro, de mallorquines en Mendoza, de un notable colectivo de emigrantes originarios de Ciudadela (Menorca) en Córdoba y de otro procedente de Alcudia (Mallorca) en La Plata.

El trabajo de Jofre debe de ser valorado positivamente por los investigadores de la emigración balear, pues aporta información inédita sobre el movimiento emigratorio hacia el país de Latinoamérica que acogió en su territorio al mayor número de habitantes de las Baleares. Sin embargo, para los propios investigadores se hace difícil su lectura a causa de la rebuscada terminología usada para describir sencillas redes de relaciones y por la metodología utilizada en su exposición, que resulta entre otras cosas, demasiado reiterativa en el empleo de fragmentos de entrevistas sin un hilo conductor coherente. Ello convierte el trabajo en un libro espeso y no recomendable para un lector profano interesado solamente en el conocimiento del fenómeno migratorio.

El último libro reseñado nos conduce al segundo país iberoamericano que recibió a un mayor número de emigrantes de nuestras islas, Cuba. Los 16.600 afiliados que poseía en 1924 el Centro Balear de la Habana y sus delegaciones repartidas por diferentes localidades de la isla antillana demuestran la importancia del colectivo balear establecido en el país durante la etapa de emigración masiva de españoles acaecida entre 1902 y 1931. La obra "Baleares en Cuba" de Aurelio Francos Lauredo se enmarca dentro de un ambicioso proyecto de investigación de historia oral que bajo el título de "Archivo de la Palabra: españoles en Cuba" viene desarrollando el autor desde hace unos años y que tiene como objetivo recoger los testimonios orales de un representativo porcentaje de inmigrantes originarios de cada una de las comunidades autónomas que integran actualmente el Estado español. Su metodología se basa en un guión preestablecido de antemano que aplica a cada una de las entrevistas efectuadas a los miembros del citado colectivo. El guión recoge tres cuestiones claves en la vida de los emigrantes: su etapa en el lugar de procedencia, el asentamiento en el país receptor y el balance de la emigración. A su vez cada una de estas cuestiones encierra toda una serie de aspectos fundamentales para conocer la trayectoria personal y el contexto socioeconómico y político en el que se desarrolla.

De los apenas medio centenar de naturales de las Baleares que residían en Cuba a finales de los noventa del siglo pasado, Francos entrevistó a seis, uno de los cuales gestado en la localidad mallorquina que identifica su emigración con Cuba, Andratx, y nacido en el hospital que el Centro Balear poseía en La Habana, conocido como "La Quinta Balear". De los restantes entrevistados, solamente el de edad más avanzada emigró antes de la Guerra Civil española, concretamente en 1919, mientras que los otros llegaron al país caribeño en los difíciles años de la postguerra.

Todas las historias narradas en el libro son interesantes, aunque la que nos llama más la atención es la Francisco Medina, porque revive una de las páginas más tristes de la historia contemporánea de España, la de los exiliados políticos. El entrevistado, nacido en Ibiza en 1932, relata la odisea en la que se vio envuelta su familia a causa de la ocupación de la isla por las tropas franquistas. Su padre, ferviente republicano, ante el temor de una más que posible represión huyó de Ibiza con su esposa e hijos. Su particular periplo se inicia en 1936 con su llegada a Valencia y no termina hasta 1941, año en que se establecieron en Cuba. De por medio, tres años en Barcelona, en donde el padre ejerció como docente en una Universidad obrera y donde padecieron la angustia de los bombardeos aéreos. Vino luego el largo y penoso itinerario del exilio que los condujo a Francia y a una peligrosa travesía del Atlántico -debido al peligro que representaban los submarinos alemanes- hasta la República Dominicana del dictador Trujillo. Un año de penurias económicas en Santo Domingo y después el viaje hacia su destino definitivo con el cual el grupo familiar cerraba la ruta de su éxodo, iniciado en una isla mediterránea y finalizado en una isla antillana.

Entendemos que el uso de la historia oral constituye uno de los métodos de investigación más válidos para conocer el mundo de la emigración. Los testimonios personales proporcionan información que no aparecen en las fuentes escritas y resultan altamente eficaces para analizar las problemáticas que plantean los movimientos migratorios. Por ello debemos reconocer el mérito del trabajo de Aurelio Francos encaminado a recuperar la memoria de las distintas colectividades de emigrantes originarias del estado español asentadas en Cuba.

Consideraciones finales

La década de los noventa se cerró en las Islas Baleares con más de treinta libros publicados que estudian desde diferentes perspectivas algunos de los aspectos del movimiento emigratorio balear a Ultramar. Asimismo, constituyó un tema de análisis expuesto en numerosas comunicaciones y ponencias presentadas en congresos nacionales e internacionales y en Jornadas de estudios locales